ilTerra

Publicado el 27 agosto, 2010 - por

Un paseo por la jungla

A las seis de la tarde Managua deja de ser el relativamente pacífico hogar de varios miles de personas civilizadas y educadas bajo los preceptos religiosos y políticos para transformarse, como un monstruo de las series japonesas, en una jungla moderna llena de carros depredadores y buses semejantes a tiranosaurios rex. Ésta es la crónica de un viaje en coche que duró cuarenta y cinco minutos sin causarme daños físicos pero que me dejó un estrés y unas secuelas psicológicas de miedo. Welcome to the jungle!

La avenida universitaria es un sitio que prefiero evitar, por el ineludible embotellamiento que provocan los taxistas al pararse al lado de la acera, sin prestar atención a los más de tres rótulos consecutivos con una enorme “e” encerrada y tachada en un círculo, que en lenguaje común significa no estacionar. Por supuesto, hay muchas señales y semáforos que los taxistas ignoran, típico de unos animales al volante. Sin embargo, jamás había vivido esa misma avenida a las seis y media de la tarde y con un  sector entero de la capital cortado. Daba miedo la cola interminable de carros con las luces altas encendidas, sin importar si cegaban o no a los que circulaban en sentido contrario. Las maniobras para colarse de un carril al otro- generalmente del derecho, embotellado, al izquierdo, embotellado también-, la forma casi bestial con la que los buses pretendían amedrentar a cualquier chatarra vieja como la mía y colarse en un resquicio que no hubiese bastado para que pasara una bicicleta, y la acumulación de carros que llegaba del semáforo de atrás, y que se sumaban, poco a poco, al coro de pitidos y gritos de rabia que se intercambiaban los coches. Era una sinfonía macabra.

Resulta que buena parte de la Carretera Masaya estaba cortada por construcción desde hacía más o menos tres días. La estaban asfaltando cuando curiosamente, en Managua-también conocida como la ciudad de los hoyos- había calles más parecidas a la luna que esa. Ya habían cortado ese sector varias veces gracias a las marchas multitudinarias del Frente Sandinista- o del gobierno, ya da lo mismo- y por la construcción de la Plaza de las Victorias. Sin embargo, en éste día en particular, el embotellamiento era tal que los carros se movían milímetro a milímetro. Pero eso no propiciaba el aburrimiento, por el contrario; los conductores se miraban unos a otros, recelosos, esperando el momento justo en que el de adelante decidiese apretar el acelerador para apretarlos ellos también, no fuese a ser que el carro de al lado aprovechase para colarse en el resquicio.

Había alboroto en la rotonda Rubén Darío y no era solo por el embotellamiento. Además de la cola de luces blancas que se extendía hacia el infinito por las cuatro entradas, al lado de la gasolinera ESSO agonizaba un bus amarillo que había divisado desde lejos. Me había extrañado que estuviese de lado, y la parte de atrás ligeramente levantada, pero pronto miré que lo estaba cargando una grúa que impedía la circulación normal del tráfico. Encima, a un lado de la dichosa rotonda, los gays y lesbianas habían montado una protesta para reivindicar sus derechos. Y los claxon de los automóviles no paraban de sonar. –Mierda- dije para desahogarme. En realidad dije más que eso, pero se puede resumir todo en esa palabra tan cargada de frustración y enojo. Reprimía a duras penas las ganas de gritar y apretar también el claxon como poseída, aunque supiese que así no haría que a la grúa le naciesen alas para volar.

Y entonces conseguí llegar a mi casa. No, no fue así de lindo, ni de fácil, ni de rápido, pero me ahorro el martirio de vivir la experiencia dos veces. Tal  vez me sale más fácil resumir que un niño, haciéndose el gracioso apretó el botón del semáforo peatonal ubicado poco antes de la rotonda Cristo Rey y tenía a medio tráfico convulsionado, sin saber si pasarse o no el semáforo en rojo, no vaya a ser que los pare  un policía- que a esa hora, por cierto, no están de servicio-. Que un carro que cruzaba la rotonda casi me ocasiona un choque por no indicar, con lo fácil que es activar el pide vía cuando hay que usarlo, que seguiría de largo y no doblaría antes. Que un busero, de esos que tanta rabia me despiertan a veces, se había detenido justo en medio de la calle, y esperaba con paciencia salomónica que una fila interminable de gente subiese y bajase, parecía que toda la población del bus se estaba renovando.

Pero llegué, y aquí estoy, desahogando mi rabia frustrada con el teclado, castigando las letras con sadismo, mandando a la mierda a todos los conductores que pueblan las calles de Managua de seis a siete-bueno, no todos-, en especial a los buseros y taxistas, expertos para agriarme el día cuando lo miro color de rosa. Maldita fauna capitalina, que convierte Managua en una jungla por una hora entera.

4 Comentarios

Nos encantaria leer el tuyo!

  1. Adolfo Fitoria dijo:

    Foto relacionada http://twitpic.com/2ic6xp :-(

  2. mey dijo:

    hehe.. buenisimo lucia!! toda la poblacion (del bus) se estaba renovando!!!? cool

  3. lucie dijo:

    OMG XD da miedo! Hoy iba veinte minutos antes de la hora a la clase, y me dio justito para llegar U_U carretera masaya sigue cortada U_U

  4. lucie dijo:

    :) si, quise decir que parecía que todos se estaban bajando y estaba entrando gente nueva, mil gracias !!



Deja tu Comentario

Y EXPRÉSATE!.

  1. Nombre (obligado)

    Correo (obligado)

    Sitio Web

    Mensaje