ilTerra

Publicado el 31 agosto, 2010 - por

El cementerio de los libros olvidados

El nombre me viene de una preciosa novela que leí hace varios años, La sombra del viento. Es apena uno de los miles de recuerdos que se amontonan en mi cabeza y en cada centímetro de las paredes de mi cuarto. Ahora, tanto La sombra del viento como todos los ejemplares se han desvanecido en la superficialidad de Internet y de la vida misma. Pero hoy llegué  para rescatarlos…

Ayer que estaba pintando mi cuarto tuve la oportunidad de ordenar todos los cachivaches que tenía repartidos y que le daban un aspecto de tienda de antigüedades. Tenía discos de colección, un montón de lapiceros de colores diversos, muñecas antiguas, una cámara alemana de los cuarenta, un violín abandonado de cuando mi madre estudiaba música, muchas partituras y cientos, pero cientos de libros.

La expresión no es exagerada. Desde que nací mis padres y mis tíos se empecinaron en convertirme en una voraz lectora con la clásica estrategia de leerme cuentos y regalarme libros mucho antes que pudiese caminar. La lluvia de libros fue creciendo a la misma velocidad que yo aumentaba de estatura, pero no lo suficientemente rápido para mantenerme entretenida. Leía con mucha rapidez.

Ya algunas veces se me ocurrió intentar poner orden a este caos completo, ideando estrategias numéricas como en las bibliotecas y llevando un registro en la computadora, pero no había manera. Los libros seguían llegando y, a menos que fuese muy disciplinada, no conseguiría etiquetarlos todos en un futuro próximo, así que lo dejé y relegué mi preocupación a encontrarle un lugar a todos sin que me quitaran espacio de mi cama. Pronto tuve que apilar libros encima de libros, ocultando los primeros por los segundos, hasta que un día se detuvo el caos cuando mi madre me regaló muebles nuevos.

Dos años después, los libros siguen allí, convirtiéndose en una masa de páginas que tengo que mover con dificultad si quiero hacer un cambio de look en mi cuarto. Y eso fue lo que pasó ayer. Al intentar mover todos los libros hacia sus respectivas estanterías, me di cuenta lo mucho que han envejecido por el paso del tiempo y del polvo. Estaban ajados y las páginas se les desprendían como si estuviesen haciendo un gesto de reproche. Y es que hacía mucho que no leía como antes.

Las cosas han cambiado en este mundo de locos. Ahora las nuevas generaciones leen en Internet y miran los libros como una seria amenaza a su tiempo de relajación- que ocupan para mirarse en el espejo, seguir las noticias de los famosos en la prensa rosa o jugar videojuegos hasta altas horas de la noche-. Los rechazan por ser antiguos. Eso me da tristeza, pues me acuerdo, como si fuese una vieja, de cada una de las historias que encierran estos libros de mi cuarto, cada lágrima, sonrisa, gesto de terror y carcajadas que desprendieron de mi alma. Viajé tanto que siento mi piel curtida por el sol de Irán, por la humedad del Amazonas o por el polvo del desierto de las Vegas; cada uno fue un mundo completo encerrado por dos pedazos de cartón que son la pasta.

Tal vez estoy ignorando el poder de universalización que posee Internet, pero eso no quita que los libros, los venerados, ancianos y sabios libros, tengan que librar una batalla contra los años que vienen- que por cierto se les presentan muy negros-.

He decidido limpiarlos todos, y ordenarlos tal como me preocupaba por hacerlo antes. Incluso he llegado a la conclusión que sería interesante darles una nueva leída, para despertar de entre las páginas la magia otra vez. No sé si serán las mismas sensaciones de antes, pero se los debo. Gracias a ellos aprendí a ser lo que soy.

1 Comentario

Nos encantaria leer el tuyo!

  1. Biancka dijo:

    Carlos Ruíz Zafon!!! es el escritor de ese libro!!! jejeje es una tristeza que los libros ya no sean tratados con respeto, y que ahora con el internet se puedan descargar millones de ejemplares.. aunque claro es más económico, tactar un libro es mejor… me alegra que al menos tú los honras.



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