Publicado el 9 enero, 2012 - por lucie
2 libros y 3 formas de ver el 2012

Esto de estar en vacaciones es una completa desgracia. Paso todo el día repatingada en el sofá y luego no me dan ganas de moverme para tomar fotos, porque considero una grosería hacer un esfuerzo mayor que el de tocar el botón del mando de la televisión. Sin embargo, también estoy maravillada porque me ha dado mucho tiempo libre para leer. Mi nueva modalidad es buscar todos los libros positivos y graciosos que puedan dibujarme una sonrisa y un poco de optimismo en el alma, algo que todos necesitamos en algún momento de nuestras vidas ¿Que tal si repasamos unas cuantas opciones de lectura?
Esta entrada me ha puesto de los nervios. Hace un par de días la escribí de principio a fin y me quedé más que orgullosa por el resultado, pero un tonto error del servidor mandó al traste todos mis egos y no conseguí rescatar más que la primera línea. Por eso decidí contar unas 20,000 respiraciones para calmarme y comenzar desde cero.
Y con este rollo emocional negativo les dejo con mis dos opciones positivas para pasar un buen principio de año:

Emma (de la eterna Jane Austen): estoy a punto de decir una de esas cosas que escandaliza a la gente; Emma es el mejor de todos los libros escritos por Jane Austen. Y si no fuera porque tengo buenos argumentos a mi favor, me echaría a temblar a causa de los fanáticos de Orgullo y Prejuicio.
Emma es el equilibrio perfecto entre una historia de amor que nadie predice hasta que llegas a la página en que todo se descubre, y varios párrafos llenos de un humor sarcástico de lo más elegante. La heroína es alguien lleno de faltas, aún menos virtuosa que Elizabeth Bennet, pero se gana de un soplo la simpatía de los lectores porque es auténtica. Desde la psicología de los personajes, magistralmente trazada, hasta la cadencia en que se desarrolla la historia; desde el estilo narrativo, más elegante y maduro que sus otras obras, hasta la falta de dramática desgracia que típicamente se cierne en sus personajes, me hace afirmar sin duda que lo convierte en una excelente alternativa de humor culto para las vacaciones.
(Cuando hayan terminado de leerlo pueden disfrutar la serie de la BBC, una increible adaptación humorística. La actríz principal es perfecta. Aquí el trailer:)

La Alpujarra (de Pedro Antonio de Alarcón): uno de los libros que más me han cautivado y han conseguido de forma increible transportarme a otra época y a otro país, es La Alpujarra, de este increible escritor granadino.
El territorio que comprende La Alpujarra se encuentra en Andalucía, España, entre Granada y Almería, justo dentro de Sierra Nevada. En el siglo XV y XVI los pequeños pueblitos que comprenden ese lugar se vieron inmersos en una increible y sangrienta aventura: el levantamiento árabe.
Con estas mínimas referencias comienza la historia de tres viajeros del siglo XIX que deciden perseguir los hechos antíguos y sumergirse en un paisaje campestre lleno de vitalidad y costumbres muy tradicionales. Y aunque esto suene a aburrimiento de 400 páginas, lo cierto es que el estilo narrativo croniquesco, la abundancia de detalles y la forma tan novelesca en que escribe la historia antigua, no sólo transporta al lector como si este estuviese caminando al lado del escritor en otro caballo, sino que altera los sentidos hasta el punto de entreteger el siglo XIX con el XVI.
Y a esto añádasele dos encantos adicionales: la escritura típica de un castellano un poco pasado de moda (sólo hay que recordar los añosque tiene este libro) que enamora, y el sarcasmo y humor tan genuino que inunda cada párrafo con la personalidad tan graciosa del autor. Como ejemplo un pasaje:
Tal historia no ha sido compuesta todavía por nadie; pero yo la hilvanaré aquí con retazos tomados de varios libros, ó sea aprovechándome de estudios del prójimo…; cosa tan corriente en esta clase de trabajos, que, con ocasión de lo mucho que he tenido que leer para escribir el presente capítulo, he gozado extraordinariamente al ver rodar de obra en obra, plagiadas ad pedem literae, páginas enteras llenas de erudición, que cada autor presentaba como de cosecha propia…, ó por lo menos, guardándose muy bien de decir que eran de cosecha ajena…
Para terminar esta entrada, que se me ha hecho larguísima (dos días enteros escribiéndola y varis párrafos apretados y aburridos) les dejaré un poco envidiosos enseñándo las tres perfectas formas que tendré de medir este año nuevo:

1. Esta agenda tan brillante la compré en La Universal y no tengo idea de cuanto cuesta, pero después de un fuerte debate interno -¿rosa o azúl?- me quedé prentada de sus colores. (No es que tenga muchas ganas de hacer publicidad, pero si a alguien le gusta y quiere saber dónde conseguirla…).
2. Mi calendario más original ha sido sin duda éste, que es metálico y perpetuo. Sólo hay que acordarse de cambiar los días y meses con esos bonitos marcos imantados. Lo compré en Pórtico pero fijo habrá desaparecido a los tres días de ponerlo.
3. El más bello de todos ha sido ésta preciosidad de calendarios marcapáginas (uno por mes) con fotos de la Alhambra, de esas que te dan unas ganas terribles de viajar. Vienen todos juntos y se desprenden según el mes en que estés para ponerlo en tus libros. Y para decepción de todos… ese lo compré en España.
Ahora sí prometo dejarles corriendo y sonrientes con este video inspiracional que compartieron las increibles chicas de Kireei y que me ha humedecido los ojos (¡pero nada más!).
